
Recordarte no es fácil, no goza de paciencia absoluta ni mucho menos de banalidad, no roza la humildad ni juega con la tempestad, no ríe ni llora, solo me observa como quien desea devorar simplemente con la vista.
Muchas veces eso me asusta, me hace desconfiar, y ella nunca nos dijo que todo esto iba a pasar, no me advirtió, no me dijo que en realidad te amaba, y que deseaba ardientemente rozar mucho más que mis labios, penetrar mi mirada en tu alma, cubrir de suaves delicias todo lo que podía causarte daño, todo, porque tu lo eras para mi, como alguna vez yo lo fui para ti.
Sentir las mañanas descongestionadas, y robar de tus manos las caricia, todo, todo, sintiéndote tan cerca de mí.
Mis oídos son mudos, mis labios ciegos, no entiendo como mis ojos no pudieron escuchar, mi respiración se filtra hasta el último lugar envenenado con el tabaco, mis pies creen danzar, y ríen creyendo que se divierten, pero ellos no saben, no entienden. Tu ya no estas, como tantos días en los cuales no pudiste estar.
Tantas cosas quedaron solo para ti, tal vez después de todo los sueños si se hacen realidad y las paredes se ríen de nuestra piedad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario