
Si pudiese correr y gritarte: “Quédate conmigo, no te vayas, quédate con la niña imaginaria que no conoces” ¿Crees qué no lo haría?, incluso más, te abrazaría con fuerzas y pediría escuchar tu voz por primera vez, y caminar quizás junto a la orilla del mar, observando como las olas se rompen en las rocas.
Pediría un beso tuyo, luego marcharía para evitar más gritos inmunes, nadie vive de utopías. Te aburriste de esperar ilusiones y de amasar solo palabras, te entiendo, aunque duela, más que eso lo sé, sé que buscarte a estas alturas es absurdo, seria simplemente hostigar. Lamento que me hubieses esperado, que nadie te hubiese advertido lo absurda e incoherente que puedo llegar a ser.
Sé también que caminar o quedarse sentada da igual, y mientras ato mis manos y corrompo mi piel, doblego mis ojos a tal sencillez, te veo sentado, observando, cauteloso, sensato.
¿Cómo invento imaginar que nunca exististe en realidad?
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